Proponen tratar las depresiones más graves con fuertes impulsos magnéticos en el cerebro

Científicos estadounidenses brindaron alivio a una veintena de pacientes en cuestión de días y contemplan intensificar aún más la estimulación cerebral.

Un grupo de investigadores de la Escuela Universitaria de Medicina de Stanford (EE.UU.) ha probado en 21 pacientes un nuevo protocolo de tratamiento de las depresiones mediante una variedad de electroterapia, la estimulación magnética transcraneal.

Con el nuevo protocolo no trataron todos los tipos de depresión, sino las más graves, que implican las ganas de suicidarse y no presentan mejoras en respuesta a la medicación habitual, la terapia narrativa u otras formas de estimulación electromagnética. Al final del experimento los investigadores constataron que ninguno de los 21 participantes tenía pensamientos suicidas, mientras que 19 de ellos aseguraron que ya no se sentían deprimidos.

La terapia no es completamente novedosa, sino que perfecciona protocolos ya aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU., según afirma un comunicado de Stanford. La significativa mejora se consiguió aumentando el número de pulsos magnéticos, acelerando el ciclo del tratamiento y determinando el ritmo en función de cada individuo.

El método y los cambios

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Para el tratamiento de estimulación magnética, se coloca una bobina sobre el cabello del paciente y las corrientes eléctricas excitan una región del cerebro relacionado con la depresión. El impulso se dirige a una región de la corteza que regula las funciones ejecutivas, como la selección de recuerdos y la inhibición de reacciones inadecuadas.

Los autores del método utilizaron imágenes de resonancia magnética para centrarse en una subregión determinada dentro de ese tramo de la corteza.

Los protocolos actuales requieren que el paciente s someta a una sesión diaria durante seis semanas, y sus resultados demuestran que solo la mitad de los pacientes mejoran y una tercera parte experimentó una remisión. En Stanford, en cambio, incrementaron la periodicidad hasta 10 sesiones al día y, de media, tres días de terapia resultaron suficientes para que los pacientes notaran alivio en su enfermedad.

Efectos y planes

Una de las pacientes participantes, que tiene 60 años, confesó que de joven, apenas egresada de la universidad, «lloraba por cualquier cosa». Fue entonces que le diagnosticaron síntomas de trastorno bipolar, una condición con la que ha vivido toda su vida. Sin embargo, cuando ahora, después del tratamiento experimental, tiene que enfrentarse a una situación realmente negativa, se muestra «resistente y estable», mantiene un «estado de ánimo mucho más pacífico» y se siente «capaz de disfrutar de las cosas positivas en la vida».

Al controlar la función cognitiva en todos los pacientes antes y después del tratamiento, los investigadores no encontraron ningún efecto secundario negativo. Un mes después de la terapia, el 60 % de los participantes todavía estaban en remisión y no se sentían deprimidos, aunque está todavía por determinar la duración de los efectos ocasionados.

Los investigadores de Stanford esperan aumentar aún más la eficacia del tratamiento con algunas modificaciones en la estimulación y un aumento de la dosis: 1.800 pulsos por sesión en vez de 600. Los científicos tienen programado también estudiar la eficacia del método en otras condiciones, como trastornos obsesivos y autismo.

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