La fundación del Banco de Durango

En México había sido fundado durante el fallido Imperio de Maximiliano, en 1864, el Banco de Londres, México y Sudamérica. Fue la primera institución bancaria en nuestro país y tuvo una gran aceptación social.

Al llegar a la Presidencia de la República, el general Porfirio Díaz, con su Plan de Tuxtepec redactado el 10 de enero de 1876, con el que derrocó al gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, concluiría una larga etapa de guerras civiles e internacionales y México entró a un periodo de paz social que perduró por más de tres décadas. Las desgarrantes y sangrientas batallas por el poder habían concluido.

Esta anhelada tranquilidad colectiva estimuló la aparición de más instituciones bancarias, la mayoría de ellas con oficina matriz en la ciudad de México y al experimentar un desarrollo expansivo, aperturaron sucursales en importantes ciudades de la provincia. Luego vendrían otras instituciones similares de carácter regional en diversas entidades que también tuvieron éxito.

El control de la mayor parte de la economía nacional fue detentado en manos de pocas familias, quienes lograron amasar cuantiosas fortunas después de la Guerra de Reforma (1857-1860) y la Segunda Guerra de Intervención Francesa (1862-1867). Así, aparecerían las nuevas élites del porfiriato también llamadas oligarquías.

En la capital mexicana y en las principales ciudades del interior del país, residían estos adinerados clanes familiares que eran dueños de las haciendas, industrias, comercios, yacimientos mineros y la banca. Representaban una minoría en la demografía nacional.

En la economía se realizaron fuertes inversiones por parte de importantes personas físicas y morales del extranjero, los más encumbrados de ellos vivían en sus países de origen, aunque eran frecuentes sus viajes a suelo azteca para supervisar la marcha de sus negocios manejados por sus representantes.

LA NECESIDAD DE UN BANCO REGIONAL EN DURANGO

Para el año de 1889, el estado de Durango contaba con una población de 265 mil 391 habitantes.

La actividad minera fue la principal actividad económica en la antigua Nueva Vizcaya. A su sombra se desarrollaron la agricultura y la ganadería. Fueron y son famosos los centros mineros localizados en los municipios de Cuencamé, Durango, Guanaceví, Mapimí, Pánuco de Coronado, Coneto de Comonfort, San Dimas, Canelas y Topia. Sus magníficos productos metálicos y no metálicos, tuvieron y continúan teniendo gran demanda en los mercados internacionales.

El flujo de dinero en billetes y sobre todo en monedas de oro y plata, se hizo notorio en Durango, hubo varios intentos de abrir bancos antes de los que formalmente aparecieran. Y finalmente el 15 de noviembre de 1890, fue inaugurada la sucursal del Banco Nacional de México en la capital del estado, era regida desde su oficina matriz en la capital del país.

La industria alcanzaría sus mejores expresiones en las ciudades de Durango y Gómez Palacio. La llegada del tren a Durango, el 16 de octubre de 1892 y que enlazó a esta ciudad con Torreón, disparó el crecimiento de la economía estatal al poder ser transportados en mayor volumen y con mayor rapidez productos comerciales, industriales y agrícolas a diversas partes de la República Mexicana y del extranjero. El arribo del «caballo negro» marcó un hito. (Historia de Durango 1563-1910. Autor: José Ignacio Gallegos Caballero. Impreso en Talleres de A. Mijares y Hermano, S.A. México. 1974.)

Ante el gran circulante, ya no se podían guardar los billetes y las monedas en los hogares ni en las oficinas, se requerían instituciones bancarias con grandes cajas y bóvedas de seguridad para custodiar estos valores. La muy añeja costumbre de «guardar el dinero bajo el colchón» se hizo obsoleta.

NACE UNA NUEVA INSTITUCIÓN

Al iniciar la última década del siglo XIX, un grupo de influyentes e importantes hombres de negocios de la localidad, se asociaron para fundar el Banco de Durango e iniciaron gestiones en la ciudad de México.

Como lo escribió la historiadora duranguense María Guadalupe Rodríguez López, fue el secretario de Hacienda del presidente Porfirio Díaz, Manuel Dublán, quien firmó la autorización para la creación del Banco de Durango. Fueron los inversionistas duranguenses, Carlos Bracho y Jesús González Asúnsolo, quienes después de meses de trámites lograron obtener el documento oficial para tal efecto.

El capital social de esta firma financiera en su apertura fue por la suma de $ 500,000.00. La fecha de su fundación data del 9 de junio de 1891. (Historia Social de los Bancos en Durango. Autora: Ma. Guadalupe Rodríguez López. Edición del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Año 2015. Durango).

El Gobierno federal autorizó al Banco de Durango la emisión de sus propios billetes, los que eran firmados por sus principales accionistas y fueron impresos en diversas denominaciones.

Esta firma bancaria arrancó sus operaciones en el número 14 de una antigua finca de la 2ª. Calle de Teresas (hoy calle Juárez), en el Centro Histórico de la ciudad de Durango, el inmueble fue propiedad de Toribio Bracho de la Bárcena quien era uno de sus principales accionistas.

Corrieron los años y el Banco de Durango fue creciendo, aumentó el número de sus clientes, empleados y funcionarios. El local donde empezó a funcionar se hizo insuficiente y obsoleto, los accionistas acordaron adquirir un antiguo inmueble que fue demolido y contaba con un terreno anexo, estaba ubicado en la esquina noroeste del crucero de la actual calle de Constitución y avenida 20 de Noviembre; contraesquina de la catedral.

Los detalles de su compra los narra el historiador duranguense Miguel Vallebueno Garcinava, quien añadió que para efecto de formalizar la adquisición del citado inmueble a nombre del Banco de Durango, fue comisionado su gerente Francisco Asúnsolo. El valor de su pago ascendió a la cantidad de $ 70,000.00.

Tiempo después, se publicó una convocatoria para que se presentaran proyectos arquitectónicos para la construcción de su nuevo edificio, fueron varios los concursantes que participaron.

El edificio antiguo y original del Banco de Durango fue demolido en el año de 1958, fue sustituido por un edificio con techos de concreto donde funcionó el Banco de Comercio que luego se transformó en Bancomer.

Durante el rescate del Centro Histórico de la ciudad de Durango, llevado a cabo en la primera década del siglo XXI, se hizo una remodelación de esa esquina reedificando su fachada que le devolvió su aspecto original.

LOS SOCIOS FUNDADORES

La citada historiadora Guadalupe Rodríguez López obtuvo en sus horas de investigación la lista de los socios fundadores del Banco de Durango, en la que figuran: el general Juan Manuel Flores, la firma social Bracho Hermanos, Juan González Asúnsolo, los comerciantes De Juambelz Hermanos, Rafael Bracho, Gregorio de la Parra Moreno, Juan Lozoya, Fernando Pimentel y Fagoaga, Hugo Doorman, J. Ignacio Zubiría, Maximiliano Damm, Juana Campa Vda. de Grimaldo, Loweree Hermanos Sucesores, Juan F. Paura, Manuel Durán, Ladislao López Negrete, Rafael Pescador, Juan Santa Marina, Jesús Vargas y Maximiliano Delius.

DIRECTIVOS Y FUNCIONARIOS

El Banco de Durango tuvo una fructífera existencia de casi 30 años. Para 1899 entre sus principales miembros del consejo de administración, funcionarios y empleados, figuraron: presidente: Carlos Bracho Zuloaga; gerente: Francisco Asúnsolo; secretario: Antonio de Juambelz y Redo; suplente: Julio Crez; vocal: J. Maximiliano Damm; suplente: Guillermo Drunkert; cajero: Egberto Rapp; contador: Hugo McManus; y Jesús Asúnsolo (padre de la actriz Dolores del Río), contador. (Guía General Descriptiva de la República Mexicana. Primera Edición. Autor: J. Figueroa Domenech. Editor: Ramón de S. N. Araluce. México. 1899).

Para ese mismo año de 1899, el Banco de Durango se publicitaba en los medios de comunicación con un capital exhibido y aumentado a la suma de Un Millón de Pesos. Además, refería los servicios que proporcionaba a su clientela como ahorro, préstamos, descuentos y giros sobre las principales plazas de la República Mexicana y del extranjero.

DATOS DE ALGUNOS DE SUS ACCIONISTAS

J. Maximiliano Damm, originario de Magdemburg, provincia de Sajonia, en Prusia, llegó a Durango en 1840. Incursionó con éxito en la explotación de los yacimientos mineros de los que fue propietario en Promontorio, sitio cercano a su hacienda San Francisco Javier de Lajas, en el municipio de Coneto de Comonfort.

Juan Manuel Flores ostentó el grado de general y fue gobernador de Durango durante el porfiriato, cargo que ocupó por lustros como interino y por elección. Celebró matrimonio con la acaudalada Ángela Flores y Quijar, hija del poderoso latifundista Juan Nepomuceno Flores Alcalde, enlace que le dio una privilegiada posición económica y que lo relacionó con la oligarquía estatal.

Antonio de Juambelz y Redo, dinámico hombre de negocios fue propietario de la fábrica de hilados y tejidos La Confianza, en Mapimí, Durango. Fundó junto con sus hermanos Joaquín, Ángel y Sotero, en 1903, la firma social De Juambelz y Hermanos que fue dueña de un acreditado comercio que llevó el nombre de Las Tres Rosas.

Dicha negociación desarrolló sus actividades en la esquina sureste del crucero de avenida 5 de Febrero y calle Juárez en Durango. Uno de los hijos de Antonio de Juambelz y Redo, Antonio de Juambelz y Bracho, fundó el diario El Siglo de Torreón el 8 de marzo de 1922.

Fernando Pimentel y Fagoaga era un importante político y empresario en el porfiriato que contrajo matrimonio con la duranguense María Bracho Zuloaga, por este motivo realizó fuertes inversiones en Durango. Ocupó los cargos de Secretario de Fomento en el gabinete del presidente Porfirio Díaz y fue presidente el Ayuntamiento de la Ciudad de México.

Los hermanos Juan Pablo, José, Pedro y Rutilio Torres Saldaña, eran hacendados dedicados a la agricultura y la ganadería, constituyeron una sociedad que se denominó Torres Hermanos y que tuvo su domicilio social en la población de Nazas, Durango.

Carlos Bracho Zuloaga, en sociedad con sus hermanos Ignacio y Julio, fundó el 1 de julio de 1889 la sociedad Bracho Hermanos, grupo familiar que fue propietario de varias negociaciones entre ellas la fábrica de Hilados y Tejidos Belen, en Peñón Blanco. Esta firma social también fue dueña de las haciendas San Miguel de La Ochoa y La Labor de Guadalupe. Carlos, era sobrino nieto del inmigrante vascongado Leonardo Zuloaga Olivares, fundador de la ciudad de Torreón.

Luciano Veyán Lapelousse era un inmigrante francés que arribó a Durango a mediados del siglo XIX. Fue propietario del latifundio de la hacienda La Zarca, una inmensa extensión de tierra que abarcó miles de hectáreas al norte del estado. Edificó su residencia particular que aún existe y donde hoy funciona el centenario Hotel Roma, ubicado en la esquina sureste de la avenida 20 de Noviembre y calle Bruno Martínez, inmueble que colindaba con el Banco de Durango. Los hermanos Ladislao y Ángel López Negrete pertenecieron a una familia de terratenientes con grandes extensiones de tierra en diversas regiones de Durango. Ladislao (hijo), fue jefe político de la capital, diputado al congreso local y presidente de la junta directiva de la compañía minera Peñoles.

Gregorio de la Parra Moreno perteneció a una familia de latifundistas de Poanas, practicó junto con sus hermanos Leonardo, Rafael, Julio y Manuel la agricultura y ganadería.

[email protected]

1864

AÑO

en que abrió el Banco de Londres, México y Sudamérica, la primera institución bancaria en el país.

9

DE JUNIO DE 1891

fue la fecha de fundación del Banco de Durango.

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